Red educatíva Regional Cusco


Red Educativa Regional Cusco

10 de Octubre de 2007

Soberbia

Opiniones
Soberbia
Debemos asumir que toda persona tiene algo que enseñarnos. Negarlo es racismo, desprecio y arrogancia.
Por Pepi Patrón
Por razones diversas no he podido escribir antes sobre el bochornoso incidente entre dos congresistas, Martha Hildebrandt y María Sumire, a raíz del debate sobre el proyecto de ley para la Preservación, Uso y Difusión de las Lenguas Aborígenes del Perú. Felizmente para todos hoy existe la web, internet, los blogs y YouTube, en los que democráticamente se accede a las imágenes, discusión y posteriores declaraciones sobre los hechos. Pese a las semanas transcurridas, sin embargo, y escuchando las diatribas, solo puede causar asombro la actitud de la congresista fujimorista. Como lo señala en un interesante artículo el lingüista Luis Andrade Ciudad, es evidente que el "argumento" esgrimido por aquella, indicando que "cada uno en su sitio" tiene una resonancia colonial y oligárquica, de esas que ya no quisiéramos escuchar más, pues justamente nos impiden construir un nosotros colectivo. Además de reclamar airadamente su condición de intelectual, universitaria, autora de muchos libros, que como ella misma demuestra, no tiene necesariamente que ver (aunque debiera) con el respeto por la diversidad humana o con la inteligencia emocional, la doctora Hildebrandt reivindica orgullosamente haber ocupado un importante cargo internacional (insiste en ello) en la Unesco. Esta es la organización de las Naciones Unidas para la educación, ciencia y la cultura, por sus siglas en inglés. Pues sí, aunque sea difícil de creer, también para la cultura. Investigando sobre los principios que rigen la vida de tal organización, nos enteramos de que, por supuesto, se remiten a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que señala en su artículo 22: "Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener (…) la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad". Los derechos culturales son, pues, inherentes a la dignidad de la persona. ¿De qué se trata cuando Unesco habla de ellos? Según su Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural, en el artículo 2 se declara: "El pluralismo cultural constituye la respuesta política al hecho de la diversidad cultural". Tratándose de un país culturalmente diverso y complejo como el nuestro, bien haríamos en leer con atención el artículo 4, que indica: "La defensa de la diversidad cultural es un imperativo ético, inseparable del respeto de la dignidad de la persona humana". Para completar nuestra información, veamos el artículo 5: "Los derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, que son universales, indisociables e interdependientes. (…) Toda persona debe, así, poder expresarse, crear y difundir sus obras en la lengua que desee y en particular en su lengua materna". No cabe pues jerarquía entre las lenguas en función de cuántos las hablen. No hay unas mejores que otras. Todas son patrimonio cultural de sus hablantes. Muchas de estas ideas las expresan en un pronunciamiento estudiantes de Lingüística de la PUCP, apoyado por muchos profesores, entre ellos grandes estudiosos de las lenguas de nuestro país y nuestro continente. Bueno sería que la congresista tomara en cuenta los mandatos de la organización de la que tan orgullosamente se reclama. Sin embargo, está claro que no es suficiente. Conocer más no nos hace mejores. Creo que es al revés. Que quienes hemos tenido y tenemos la oportunidad de una educación superior de calidad, de ser doctoras, de escribir libros, debemos tener la disposición a la que nos invitan los grandes maestros y los grandes libros: seguir aprendiendo siempre, asumir que toda persona tiene algo que enseñarnos y, sobre todo, a lo más difícil, según el gran filósofo contemporáneo fundador de la hermenéutica H. G. Gadamer, aprender a no tener razón. Lo demás es racismo, desprecio, arrogancia, aunque luego vengan las disculpas. La soberbia puede convivir con la erudición, pero jamás con la verdadera sabiduría.

Pepi Patrón (La República)

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